Nuevo año, buenas intenciones
Ahora que empieza un nuevo año es uno de los momentos clásicos para las buenas intenciones en general y para la idea de hacer más ejercicio y llevar una vida más sana en particular.
La gente se apunta masivamente a los gimnasios, empiezan sus dietas “tras los excesos navideños” y hasta se ve algún despistado corriendo ya por las calles (corredores habituales aparte).
Lamentablemente la inmensa mayoría de ellos abandonará pronto por diversas causas, pero principalmente por meterse en una actividad que:
- Choca con nuestro (lamentable) ritmo de vida: buscar un hueco en nuestro horario para hacer ejercicio físico es complicado y suele ser otra fuente de estress (”me voy corriendo que no llego al gimnasio!”)
- Nos exige un esfuerzo de voluntad desacostumbrado: habrá quien pueda, pero hoy en día la inmensa mayoría de la gente nos resulta irritante que el mando de la tele esté un poco más allá del alcance de la mano, así que eso de sudar la gota gorda…
- Nos alarma por los problemas de cansancio típicos de cuando uno empieza a hacer ejercicio: para muchos de nosotros la sensación de cansancio físico es ya casi desconocida (porque no nos movemos para nada) y eso de que “nos falte la respiración” nos resulta intolerablemente alarmante.
Además hay otro grupo de “afortunados” que consiguen lesionarse más o menos seriamente (las rodillas son un clásico) por empezar demasiado fuerte y sin el adecuado control. Más de uno ya no somos unos chiquillos y eso de comprarse un chandal y salir a correr… puede acabar mal, y pronto.
En mi caso me lo planteé de otra forma.
Durante los últimos 10 años he llevado una vida cada vez más sedentaria. Mi trabajo consiste en estar todo el día sentado delante del ordenador (8 horas más lo que caiga en casa al volver) y a pesar de vivir cerca del trabajo había cogido la fea costumbre de ir en coche de la puerta de casa a la puerta de la oficina.
En los dos últimos años tuve temporadas de ir andando a trabajar (unos 20 minutos), me compré una bici y a veces iba pedaleando, pero al final siempre volvía al coche, hasta que desde agosto pasado cambié de estrategia. Empecé a dejar cada día el coche un poquito más lejos de la oficina hasta que cuando me dí cuenta ya hacía la mitad del camino andando.
Me fui dando cuenta de que cada vez andaba más sin cansarme (lo natural, vamos) y por fin me animé a coger la bici para hacer el recorrido. El primer día llegué “con la lengua fuera”, pero poco ha poco fui aumentando la velocidad y disminuyendo la sensación de cansancio al llegar.
A fecha de hoy, en tres meses he ido 47 veces (días) al trabajo en bici y me ha sentado tremendamente bien. Aunque el tiempo de vuelo es muy corto, unos 10 minutos, me siento mucho mejor físicamente, llego completamente despierto a la oficina y tengo más energía durante el día.
Eso si, a pesar de la mejoría, como tengo una rodilla chunga, me he auto-impuesto un límite de esfuerzo de la misma y cuando llego a un pequeño “puerto de montaña” que tengo en el camino, a pesar de no estar nada cansado, me paro, me bajo y lo subo andando (avergonzado, porque todo el mundo me mira como pensando “para esa mierda de cuesta se baja el pringao este…?”). Pero el caso es que mi rodilla sigue viva y dentro de un par de meses si la rodilla sigue bien, acabará mi “rodaje” y le daré un poco más fuerte al tema.
¿Cómo no estaría de mal para haber notado tanta mejoría con tan poquísimo ejercicio? Horriblemente mal. Un vegetal, vamos.
La moraleja: a veces, poco a poco, somos capaces de hacer cosa que “a lo macho” no podríamos.
Claro que también sirve que te lleven a patadas en el culo, pero a estas edades raro es que haya quién nos obligue a algo…
Si tu caso es parecido al mío, ya sabes: el desplazamiento al trabajo es buen candidato, para hacer ejercicio; si vives cerca no hay excusa, y si vives lejos puede ser buena opción comprarte una plegable (se aparcan debajo de tu escritorio, por ejemplo) echarla al maletero y dejar el coche cada día un poquito más lejos del trabajo.
O también puedes fracasar… un año más. Aunque eso de fracasar es molesto, y más cuando te juegas la salud.




